martes, 9 de octubre de 2012

SOY


Soy parte de una generación perdida.
Soy de esa generación que vivirá peor que sus padres. 'Generación cangrejo', la llaman.
Soy de los que vivieron por encima de sus posibilidades.
Soy un deshauciado que tiene que seguir pagando la hipoteca.
Soy de los que cada año ven como en su colegio/instituto se recorta sin descanso.
Soy de los que tendrán que pagar por una receta.
Soy de los que 'abusan' de su libertad de expresión.
Soy de los que, como dijo Andrea Fabra, me jodo.
Soy un ni-ni.
Soy un explotado.
Soy un parado.
Soy la mayoría silenciosa.
Soy un indignado.
Soy un perroflauta.
Soy un antisistema.
Soy un delincuente.
Soy un radical.
Soy facha.
Soy rojo.

jueves, 27 de septiembre de 2012

AÑO 64


Hoy, por primera vez este año, han bombardeado la ciudad. Ya nos habíamos olvidado de su sonido, del miedo, de escondernos. Pero parece que nos volveremos a acostumbrar. Durante media hora, se ha acabado el mundo, momento a momento. Al acabar, salimos otra vez a las calles, como ratas, miserables y asustados. Vimos los efectos que habían tenido las bombas: casas reducidas a escombros, calles destrozadas, árboles calcinados... Después de casi un año, en el que, a duras penas, habíamos reconstruido los estragos de la última oleada de bombardeos, todo el trabajo se venía abajo.

Entonces lo vimos. Como una estrella fugaz, pero dejando una visible estela, despegaba una nave rumbo a quién sabe qué planeta. Las naves eran cada vez más modernas, más cómodas y grandes. Cada vez llegaban más lejos, y más rápido. Era la bella y fugaz visión del progreso.

martes, 18 de septiembre de 2012

LA BRECHA


Galaxia Internet, sociedad red, era de la información... Vivimos en una época de cambio, eso está claro. Este es, probablemente, uno de esos momentos decisivos en la historia humana, un proceso de transformación hacia una sociedad totalmente diferente. Y por eso es vital en estos momentos plantear los problemas de este cambio, ahora que pueden solucionarse más "fácilmente".

Cabe preguntarnos, en primer lugar, ¿este cambio, es igual para todos? NO. Un gran problema de este es precisamente que acentúa, aún más si cabe, las diferencias económicas y sociales, haciendo de la brecha rico-pobre un abismo que tiene el peligro de convertirse en insalvable.

Por ejemplo, mientras los países a los que nos gusta llamar desarrollados mantienen un nivel de vida alto, junto con una natalidad relativamente baja. Mientras, los países eufemísticamente denominados en vías de desarrollo tienen una tasa de natalidad descontrolada. Es conocido eso de que solo 15% de la población mundial posee el 85% de los recursos. Pues bien, esto empeorará en los próximos años a causa de este desajuste. Queda demostrado que aquellas promesas de enriquecimiento y mejora del nivel de vida que traía nuestro queridísimo capitalismo son mentira.

Otro gran problema es que, irónicamente, en la era de la información, esta es mucho más amplia pero en áreas cada vez más pequeñas. Mucha información, sí, pero sobre lo mismo.

¿Quién ha visto noticias últimamente de Somalia, de la tragedia de enfermedades como la malaria, el SIDA, el tifus, etc? Supongo que consideramos más importante el "grave problema" de la gripe en nuestros sanos y ricos cuerpos. Y ahí reside el problema. ¿Cuáles son nuestras prioridades? Sin notarlo, los habitantes de los países ricos, por norma general, nos estamos volviendo egoístas, más que nunca. Si a este egoísmo sumamos la falta de interés, el resultado es una sociedad realmente despreciable vista desde el exterior. Algo así como el Capitolio, de la saga de Los Juegos del Hambre.

Mezclando la brutal diferencia económicosocial y el tipo de sociedad que estamos gestando, el futuro es poco halagador. Sí, viviremos más y mejor, pero, ¿cuántos? ¿A cambio de qué?

Se habla de que cuanto más se extiendan nuestros valores, mejor. Deberíamos detenernos un momento, desconectar la caja tonta y pensar, ¿es cierto? Hasta ahora hemos visto los resultados de este tipo de economía que hace más daño que bien. Sí, en Occidente vivimos a cuerpo de rey, pero, ¿y en el resto del mundo? ¿Acaso no vemos que la brecha es cada vez más grande y desigual en número? África, el gran olvidado. Las políticas agresivas de nuestro querido Occidente la hunden cada vez más en la miseria, mientras los medios dicen que no es nuestra culpa. Decimos que nosotros no tenemos nada que ver para limpiar nuestra conciencia, pero estamos ciegos. Para colmo, cuando empezamos a pensar en temas poco agradables como este, cambiamos rápidamente, y nos excusamos pensando que "si están así será por algo", "es que son gente violenta", "terroristas", "no tienen valores" y un largo etc. de excusas baratas para librarnos de todo remordimiento.

Señores, esta es la sociedad que hemos creado, "justa, libre e igualitaria". La mayor mentira jamás contada. La mayor verdad jamás ignorada. Yo no soy ningún genio, soy muy joven, inexperto, casi un niño. Si yo he podido darme cuenta de esto, ¿por qué tú no?

lunes, 10 de septiembre de 2012

HORA DEL ALMUERZO


"Hora del almuerzo, hora del almuerzo, hora del almuerzo". Era la voz de Iqua llamando a todos sus empleados al comedor. Yo estaba terriblemente cansado aquel día, apenas había podido dormir, y estaba haciendo mi trabajo a duras penas. Me dolía la cabeza, y cada palabra de Iqua no era más que un chillido molesto.

"Hora del almuerzo, hora del almuerzo, hora del almuerzo". Cada cinco minutos, de la una y media hasta las dos y cuarto de la tarde, la dichosa vocecita repetía lo mismo una y otra vez. A veces bromeaba con mis compañeros sobre desconectarla.

"Hora del almuerzo, hora del almuerzo, hora del almuerzo". Iba a ir al comedor cuando me enviaron unas fichas para rellenar. Genial, otros quince minutos más.

"Hora del almuerzo, hora del almuerzo, hora del almuerzo". Seguía atascado con esas fichas. Además, hoy no podía dejar trabajo atrasado. Era el día del desfile, toda la ciudad vería a los presos y yo no quería perdérmelo.

"Hora del almuerzo, hora del almuerzo, hora del almuerzo". Terminé antes de lo previsto. Ahora tenía que bajar al comedor, en el otro lado del edificio. Todos mis compañeros de departamento ya habían ido a comer, así que hoy estaría solo. Sonó la sintonía de la empresa seguida de un: "Feliz día, empleados". En aquellos días odiaba a Iqua.

"Hora del almuerzo, hora del almuerzo, hora del almuerzo". El comedor estaba atestado, llegaba tarde, ya eran casi las dos. El menú de hoy: puré de proteínas con carbohidratos, toda una delicia. Me senté al lado de un hombre muy mayor, que me miró durante toda la comida.

"Hora del almuerzo, hora del almuerzo, hora del almuerzo". El señor seguía mirando. Intenté ignorarle pero este clavaba la mirada en él con fuerza. Me concentré en mi puré, con un aspecto no mejor que su sabor. Por lo menos mi Iqua doméstica me prepararía una cena deliciosa: pollo de verdad, no aquel sintético que vendían en los mercados.

"Hora del almuerzo, hora del almuerzo, hora del almuerzo". Terminé rápido de comer y salí de allí. El señor me siguió con los ojos hasta que desaparecí de su vista. ¿Por qué actuaría así? Que yo supiese, en la empresa eran muy estrictos con el comportamiento y con el equilibrio mental.

"Hora del almuerzo, hora del almuerzo, hora del almuerzo". Iba hacia la mesa cuando me llamó Iqua, me dijo que fuera al panel de GHJ. Este me dijo que hoy podía salir antes, como había pedido, pero debía adelantar trabajo, al menos parte de lo de mañana. Ningún problema, siempre había sido rápido.

"Hora del almuerzo, hora del almuerzo, hora del almuerzo". De vuelta en la mesa, pero esta vez encontré algo diferente, una nota doblada. Aquello era extraño, casi nunca dejaban papeles. La abrí, y la emoción se apoderó de mí a la par que el terror. Allí, en pequeñas letras negras mayúsculas, estaba escrita la palabra "YA". Sí, ya. La revolución ya había empezado.

viernes, 11 de mayo de 2012

CONTRA LAS DICTADURAS... Y LO QUE VIENE DESPUÉS:


“Mi ideal más querido es el de una sociedad libre y democrática en la que todos podamos vivir en armonía y con iguales posibilidades” Nelson Mandela.

África sufre, llora, muere cada día, agoniza entre la miseria, entre la vida más exhuberante en sus selvas, sus montañas, sus desiertos, sus mares y la cara más horrible de la muerte en sus guerras, sus enfermedades, su pobreza...

Entonces, nos formulamos una pregunta: ¿Hay una salida? Muchos dirán que sí a la primera, pero es algo como para pensar. Aparte de todas las ONGs, Fundaciones y campañas, ¿hay una manera por la que África pueda salir de esta por sí sola? ¿Hay una alternativa a la caridad eterna? Bueno, seamos optimistas y digamos que SÍ. Y tras decirlo, surgen más preguntas:
¿Cuál? La respuesta es sencilla: la democracia y la paz. Si es la única, no puedo afirmarla; pero es una vía, la más adecuada a mi parecer. ¿Qué hay más justo que una democracia? Pero no cualquiera es válida, tiene que ser una de verdad.

Las promesas de democracía ya han decepcionado demasiado. Una y otra vez se ha utilizado esta palabra para dar falsas esperanzas. Muchos se han llenado la boca de esta palabra y de otros términos como sufragio universal, soberanía popular y demás, para conseguir sus objetivos más egoístas. Por eso es necesaria una verdadera democracia, que realmente represente a sus ciudadanos, que vele por la justicia, por la libertad y por la vida. A fin de cuentas, una democracia perfecta, o lo que más se le aproxime.

En segundo lugar, una paz definitiva. Guerras civiles, tribales y luchas por el poder son el pan de cada día de los africanos. ¿Acaso han elegido ellos esta vía? ¿Les han preguntado a la gran mayoría de ellos si de verdad quieren eternizar una guerra que no conduce a ninguna parte? Seguramente no, pero es la manera de mantener el miedo, la ignorancia y la miseria en su justa medida para permitir el beneficio de unos pocos. En resumen, una desigualdad desmedida a la vez que controlada.

Pero, ¿cómo? Ese es el segundo y el verdadero interrogante. Paz y democracia, todos pensamos eso, bastante lógico, pero, ¿cómo llegar del dicho al hecho? Ya sabemos que hay un gran trecho, pero habrá que superarlo, ¿cómo?

Todos hemos visto en qué ha quedado la famosa Primavera Árabe. Lo que hace un año era una llama de esperanza para millones de personas, hoy se ha transformado en violencia y destrucción. Guerras civiles, gobiernos militares e inestabilidad son las pautas que marcan a los países que unos meses atrás aún creían en algo mejor. Todo empezó en Túnez. El 4 de Enero de 2011, Mohamed Bouazizi murió por las quemaduras que se provocó él mismo unos días antes. El joven tenía veintiseis años y sufría muchos problemas económicos. Fue una llamada de atención, y los resultados no podían haber sido más inesperados. Las manifestaciones se extendieron por todo Túnez, llegando hasta la misma capital y acabaron por derrocar al gobierno de Ben Ali. Se dice que una de las causas de la revolución tunecina fue que el régimen no era tan estricto como el de Libia, y que el turismo extranjero había traído consigo las ideas propias de Occidente. También se dice que la extensión de internet fue imprescindible. Ambos son factores a tener en cuenta, pues pueden aplicarse a otros países africanos. Después de Túnez, la revolución se extiende a Egipto. Una demostración de que internet jugó un papel fundamental fue que, en vista de las protestas, el gobierno egipcio decidió cortar completamente el acceso a la red. Finalmente, Hosni Mubarak, que llevaba más de 30 años en el poder, tuvo que dejar el Gobierno definitivamente y huir del país.

Entonces, ¿cuál es el primer paso? Creo que podemos seguir el ejemplo de la Primavera Árabe hasta cierto punto, cuidando no volver a caer en sus errores. Luego, en primer lugar, se necesita una mecha. Algo que haga despertar a la población, que la conmueva. Lo ideal sería no crear mártires, que no haya muertos. Aunque eso no es posible, hay que intentar evitarlo. La mecha podría ser, por tanto, algo de fuera. Un mensaje, por ejemplo. Algo que llegue a todos, casi al momento, y ahí es donde entra en juego el papel de internet. Además, es importante el papel del voluntariado. Un voluntario no está ahí solo para dar comida y sustento. Un voluntario está ahí para transmitir el mensaje de la democracia, para ayudar a todo aquel que quiera levantarse por su libertad y por la de todo su pueblo. Es por eso que muchos gobiernos no quieren voluntarios extranjeros en sus países, no les conviene. Pero hay que luchar contra eso y conseguir extender el mensaje. Pero no hay que confundir voluntario con revolucionario. El voluntario simplemente da la información, la opción de algo diferente. En ningún caso obliga ni alenta a la revolución o a la violencia.

Si bien es cierto que en África la red es más bien escasa, es más que suficiente para extender la mecha. Y lo más importante, en un tiempo récord. En algunos países, el acceso a internet es bastante amplio; en otros, aún está en desarrollo y solo algunos tienen tal privilegio. En vista de eso, lo lógico sería que el país pionero en rebelarse pertenezca al primer grupo. Así, la revolución se extendería más rápidamente, y los países del segundo grupo tendrían un ejemplo a seguir. Y de nuevo, el voluntario entra en acción, transmitiendo el mensaje.

Una vez encendida y extendida la mecha, toca resistir. La respuesta de un gobierno dictatorial y tiránico sería, probablemente, violenta. El objetivo de esta respuesta es atemorizar. Obviamente, a ningún gobierno le interesa masacrar a su población. Más allá del sentimiento de humanidad, no es algo práctico, nadie quiere un país en el que no haya nadie a quien gobernar.

Habrá violencia, sí, pero hay que aguantar, porque, si abandonamos en este momento, ¿qué nos espera? Más y más años de tiranía, quizá aún más dura y represiva. Ya no habrá marcha atrás, la única solución posible es aquella que venimos persiguiendo desde hace tanto tiempo. Cuánto dure esta rebelión, dependerá de la implicación del pueblo y de la fuerza del gobierno. Puede ser de apenas unas horas a extenderse durante años. Esta última solución, que significaría una guerra civil, es la menos deseable de todas. Probablemente sean unos días turbulentos, pero hay que evitar caer en la espiral de violencia que conduciría a una guerra civil. Por todos los medios hay que intentar una revolución pacífica. Si el pueblo ejerce la suficiente presión sobre el gobierno, este no tendrá más remedio que parar la violencia. Prometerá reformas, más libertades, más democracia... Hay que decir que no. ¿Por qué? Porque esos gobiernos tiránicos son los mismos que durante años han estado torturando, asesinando, reprimiendo a la población. No hay que fiarse de ellos, no hay que darles la oportunidad de volverlo a hacer, porque la aprovecharán. Por tanto, lo único que debemos decir ante esas falsas promesas es NO, y seguir insistiendo hasta que esos dictadores, acorralados, no tengan otra vía de escape que la de dimitir, entregar el poder. Ahí, diremos por fin que SÍ.

Pero bien, ya hemos echado al gobierno anterior, y ahora viene otro reto, el más difícil, en mi opinión: conseguir una verdadera democracia. Hasta ahora, todos o casi todos los intentos por conseguir una auténtica democracia después de la revolución han fracasado. La Primavera Árabe, el ejemplo más reciente, es una clara muestra de lo mucho que pueden torcerse las cosas, aún partiendo de una base y unos ideales adecuados. Bien, el primer paso tras expulsar al anterior gobierno sería, sin ningún retraso, convocar unas elecciones. Ahí ha fallado nuestra famosa Primavera Árabe: en Egipto, por ejemplo, tras conseguir la dimisión de Mubarak, se estableción un gobierno militar "provisional" que acabó siendo igual de tiránico y represivo, estableciéndose en el poder con la promesa de unas elecciones que tardaron meses en llegar. Por tanto, unas elecciones son primordiales para afianzar los logros conseguidos hasta ahora. Después de que el pueblo elija, hay que redactar una Constitución. Aquí también entra el juego la cooperación de otros países. Ninguna nación, y menos en el mundo actual, es completamente autosuficiente, y en este caso, los países democráticos deberían prestar su ayuda en la construcción de un sistema justo. La cooperación puede lograrse de varias maneras, por ejemplo, enviando colaboradores. También el voluntario tiene su papel, ayudando al pueblo a conocer el sitema que se está preparando, enseñándoles a elegir, ya que esta es la base de la democracia, la elección. Este proceso puede llevar meses, pero, una vez finalizada, se tiene que convocar un referéndum en el que el pueblo diga si acepta o no. Se presentan entonces dos posibilidades. Si no acepta, no hay más remedio que seguir intentándolo, cambiando aspectos que no han convencido a la población, y volviendo a preguntar. Si la acepta, entonces tendremos el sistema democrático tan anhelado por el pueblo. Será una democracia débil, en principio, que, si resiste ante las presiones de grupos radicalistas y totalitarios, se irá fortaleciendo poco a poco, con los años.

Entonces tendremos ese ideal tan querido por Mandela, esa sociedad libre y democrática en la que todos puedan vivir en armonía y con igualdad de posibilidades. Parece algo utópico, y en cierto modo lo es, pero nunca debemos desalentarnos por ello, si no intentar alcanzar esa utopía o al menos lo que más se le parezca.